El Papa y Raúl, frente a frente

    Publicado en marzo 26, 2012

    SANTIAGO DE CUBA.- Un segundo después de pisar territorio cubano, Joseph Ratzinger extendió sus brazos al frente y, con calidez, tomó las manos de Raúl Castro y deslizó una tímida sonrisa, en una soleada tarde. Al pie de la escalinata de la aeronave que le transportó desde México y de la que bajó lento pero seguro, Benedicto XVI se encontró con el presidente de Cuba.

    José Meléndez y Alberto Torres, enviados

    El avión aterrizó en el aeropuerto internacional Antonio Maceo de la oriental ciudad de Santiago. Las banderas de Cuba y de la Santa Sede fueron desplegadas en las ventanillas de la cabina principal de la nave.
    Benedicto XVI apareció en la puerta principal y empezó a descender para encontrarse con su anfitrión. Por unos instantes, ambos se vieron de frente. Inquieto, Castro se esmeró en irradiar cortesía. Ratzinger miró hacia uno y otro lado. El presidente, ataviado con traje negro, camisa blanca y corbata vino, abrió paso a dos niñas y dos niños cubanos, que se acercaron al Pontífice para entregarle un ramillete de rosas blancas y amarillas.

    “Bienvenido a Cuba2, gritaron en coro, sonrientes. El Sumo Pontífice recibió el ramo y extendió su mano para bendecirles.

    En el fondo, se escuchó el canto reiterado de cubanos llevados a la ceremonia de bienvenida: “Benedicto, amigo, tu eres el peregrino” o “El Papa llegó a Santiago ya, a peregrinar a la Caridad”. “Aquí está la juventud del Papa”, corearon.

    Ya en el templete, Castro y Benedicto XVI escucharon los himnos de Cuba y de la Santa Sede y luego se detonaron 21 cañonazos. La banda sonaba mientras el viento agitaba las solapas de la vestimenta papal.

    Delegaciones gubernamentales, eclesiásticas y diplomáticas desfilaron ante ambos. Finalizado el acto protocolar, el Pontífice inició en el papamóvil el recorrido al Arzobispado de Santiago, mientras una multitud desbordante de júbilo agitaba a su paso pequeñas banderas de Cuba y la Santa Sede.

    La voz de la disidencia
    “Abajo el comunismo”, alcanzó a gritar dos veces un hombre mientras corría hacia el altar donde el Papa oficiaría su primera misa en Cuba. El disidente, un hombre negro, alto y esbelto con pantalones de mezclilla y playera oscura, logró burlar la férrea seguridad.

    Los elementos de seguridad lograron detenerlo y callarlo mientras lo arrastraban hacia fuera de las vallas para sacarlo de la plaza. Los asistentes abuchearon el acto y algunos de quienes lo tuvieron cerca se le fueron encima a golpes. Tras el incidente la gente se agitó y fue necesario elevar el sonido de la música para evitar los murmullos desatados por los gritos del disidente.

    El papa Benedicto XVI ya se encontraba en la plaza y estaba por subir al altar. Castro se encontraba a algunos metros.

    La misa terminó sin más incidentes. Una ligera lluvia comenzó a caer al inicio, pero amainó. La gente, expectante, aguantó hasta el final.

     

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