Vuelve a retumbar en el Bajío el grito de “¡Viva Cristo Rey!”

    Publicado en marzo 25, 2012

    SILAO, Gto.— El papa Benedicto XVI sobrevuela en helicóptero el cerro del Cubilete, en un hecho de alto significado para él y su Iglesia en México.

    Juan ArvizuEnviado
    juan.arvizu@eluniversal.com.mx
    A 20  kilómetros, en la misa multitudinaria, que es el principal evento de su visita, rinde homenaje a los mártires de tiempos pretéritos, “de prueba y dolor”, los de la Cristiada.

    Su elogio es escuchado por el jefe del Ejecutivo, Felipe Calderón; por los candidatos que esta semana inaugurarán sus campañas por la Presidencia de la República y por unos 640 mil católicos.

    Desde las alturas, Joseph Ratzinger puede observar a la multitud y, aunque la de aquí es menor a las masas reunidas en Aparecida, Brasil, de millón y medio, y de Colonia, Alemania, de un millón, tendrá un gesto de empatía con los mexicanos al usar un sombrero charro de gala.

    En la noche, fuera de programa, saldrá a saludar a los miles que lo aclaman y le cantan Cielito lindo, y vuelve a ponerse un sombrero charro, esta vez blanco bordado con oro.

     Aterriza el helicóptero Súper Puma del Estado Mayor Presidencial y en el Papamóvil pasa entre la gente que aguanta el calor en el Parque Bicentenario. El lugar es un comal a media mañana. El visitante sonríe, saluda a los ruidosos que lo aclaman. Los fieles entraron al área desde la tarde del sábado. Son veteranos de sacrificios demostrativos de su fe en peregrinaciones.

    Desde un altar-pirámide, el Pontífice oficia la misa. Concelebra la plana de obispos y cardenales. Canta un coro con música sinfónica. Todo es regio en calidad y dimensiones. Un Cristo moreno preside el acto. A sus pies está el sillón papal, de proporciones, también monumentales, y una imagen de la Virgen de Guadalupe.

    La crema de la crema de la clase política escucha cuando el Pontífice elogia la fidelidad y entrega a la Iglesia de católicos que aquí han hecho historia y, por tanto, tienen divisa propia, la cual pronuncia el Santo Padre en el Angelus Dominical, expresado hoy en el corazón del Bajío: “¡Viva Cristo Rey y María de Guadalupe!”.

    Se han movilizado los ejércitos de religiosas, sacerdotes, seminaristas, catequistas, que pregonarán su fervor, de salida del Parque Bicentenario: “¡Viva Cristo Rey!”. Esa tropa de la fe tiene la vista fija en el Papa, a la espera de una bendición anhelada. Sus voces conservan el filo de retar lo que se oponga a su devoción.

    En la noche, desde la Catedral de León, el papa Benedicto XVI, que extrañamente no pone un pie en el santuario, acciona un dispositivo y a 40 kilómetros de distancia se enciende un sistema de iluminación del célebre monumento de bronce. Allá irá un cuadro que representa a Cristo Rey, que es el obsequio del Pontífice por su visita a estas tierras.

    El día queda para los anales. Felipe Calderón es el primer presidente de la república que comulga de la mano de un papa en misa transmitida por televisión.  Es el primero de la fila. Viste de negro, como lo impone el protocolo. “El cuerpo de Cristo”, Benedicto XVI en ropajes sacerdotales. “Amén”, contesta el jefe del Estado mexicano, recibe la hostia y se retira con las manos unidas. Tras él siguen sus hijos María, Luis Felipe y Juan Pablo, así como su esposa Margarita Zavala, que viven la experiencia religiosa: se hincan en un reclinatorio y comen la hoja de pan ácimo.

    Están presentes los tres principales candidatos a la presidencia de la república  —Enrique Peña Nieto, Josefina Vázquez Mota y Andrés Manuel López Obrador—, quienes toman nota del valor de la paz, concordia, justicia y solidaridad de la que habla el Pescador de Almas en su homilía.

    También han aparecido Vicente Fox y su esposa Marta Sahagún. El ex presidente, buscando lugar, se encuentra con Andrés Manuel López Obrador, a quien le dice: “Hola, ¿cómo estás? Bienvenido”. Un Papa los ha reunido y ellos se van por su lado. 

    Enrique Peña asiste con su esposa Angélica Rivera, pero no comulgan, pues dice el ex gobernador mexiquense que la práctica de su fe católica es “muy íntima y privada”.

    Los Peña Rivera caminan unos metros para saludar a Josefina Vázquez Mota, quien está acompañada por su esposo y sus hijas, y comulgarán sin problema alguno en su fila, de manos de un sacerdote.

    El día tiene su propia rúbrica, son los gritos en la multitud, al final de la misa: “¡Viva el Papa! ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Virgen de Guadalupe!”.

     

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