Una doctrina que va más allá de la tradición

    Publicado en marzo 13, 2012

    Expertos definen cómo conciliar el estilo del jefe de la Iglesia católica

    Jorge Gutiérrez  / Corresponsal
    CIUDAD DEL VATICANO

    El pensamiento doctrinal del papa Benedicto XVI no puede ser reducido al de  una simple defensa del  tradicionalismo ancestral  de la Santa Sede o del catolicismo en general, de acuerdo con la opinión de dos reconocidos vaticanólogos.

    Aunque es común escuchar y leer que el papa Ratzinger y  su pontificado son un claro ejemplo del conservadurismo en la Iglesia católica, sobre todo por  la conocida oposición del Pontífice  a los matrimonios gay, el  aborto, la modificación del celibato sacerdotal y la función misma de la mujer en la iglesia, los expertos advierten que su pensamiento es mucho más complejo.

    “Yo no lo definiría a Ratzinger como un conservador, no hay que olvidar que fue un teólogo del Concilio Vaticano II, sino más bien que un hombre profundamente ‘conciliar’, cuyo magisterio no es bien entendido o bien se olvidan cosas importantes del mismo, como cuando habla que la  Iglesia deber ser humilde, de la globalización, del respeto de la naturaleza. Su pontificado, desafortunadamente, es leído de una manera que no refleja su pensamiento y su magisterio”, dijo  Andrea Tornielli,  vaticanista del periódico La Stampa  y autor de varios  libros sobre la Iglesia.

    Es claro que en materia de doctrina moral  este Papa  mantiene una posición tradicional, pero considera a  la fe cristiana no como una serie de reglas contrarias a todo, sino como un acontecimiento histórico, como el encuentro con una persona, que es lo contrario de un cristianismo de corte  monolítico, consideró Tornielli.  “La Iglesia debe ser humilde, un reflejo de Jesucristo y no de su propia imagen”, dijo (Benedicto XVI) a los cardenales en el reciente consistorio para evidenciar, con particular énfasis, que “la Iglesia no se funda en sí  misma, sino en Cristo”, recordó el vaticanólogo.

    La personalidad de Ratzinger es “muy compleja y  no puede ser reducida a un estereotipo, porque su visión del cristianismo es esencial, auténtica, y es un error verla como un paquete de prohibiciones y no como religión de amor a Dios y a  la que este Pontífice hace una gran aportación a la solidaridad social, hacia los derechos de los sindicatos del todo el mundo y una dura crítica al neoliberalismo salvaje”, explicó a su vez  Marco Politi, hoy vaticanista del diario Il Fatto Cotidiano y por muchos años del periódico La Repubblica.

    Tornielli, autor del libro  Attacco a Ratzinger. Accuse e scandali, profezie e complotti contro Benedetto XVI  (publicado en español con el título La defensa del Papa), dice que  “el mejor ejemplo” de la visión teológica del Papa es cuando dice en la encíclica Deus caritas est (Dios es amor) que  “el cristianismo no es un libro de normas morales, ni un paquete de dogmas, sino el encuentro con una persona viva”.

    También Politi considera esta encíclica como la más representativa del pensamiento doctrinal de Ratzinger, ya que en ella propone un cristianismo no sólo opuesto a la violencia, sino como una religión que es esencialmente amor. “El problema  es que  este Papa es el que ha provocado el mayor número de crisis en los últimos 100 años de la Iglesia:  con los judíos, musulmanes, el  mundo científico, América Latina,  los mismos católicos, al revaluar (las normas preconciliares), pero también con su comportamiento en los casos de pederastia. El ecumenismo que tanto desarrolló Juan Pablo II, con estas crisis, ha terminado por perder su anterior fuerza”, aclaró Politi.

    Sin embargo, ninguno de lo dos vaticanólogos niega  la existencia de un Ratzinger profundamente  tradicional, sobre todo cuando se refiere a aspectos que van en contra de la moral cristiana, como pueden ser  los matrimonios de hecho, el aborto o la investigación con las células  madre.

    Los dos vaticanistas consideran que entre el pontificado de Ratzinger y el de Juan Pablo II, que no se puede calificar de reformista, existe de alguna forma una cierta continuidad teológico-doctrinal. 

    No hay que olvidar que Ratzinger  no sólo fue  el colaborador más cercano de Juan Pablo II, como prefecto del ex Santo Oficio, sino quien elaboró el nuevo catecismo de la Iglesia, el documento doctrinal más significativo del pasado pontificado, dijo Tornielli.  Politi también recordó que  Ratzinger fue el brazo derecho de Wojtyla.

     

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