Jean Meyer ¿Por qué viene el Papa al Bajío?

    Publicado en marzo 13, 2012

    La región es un epicentro de la historia de México, que es más que una zona de fervor fanático

    Es lo que me preguntan los amigos de EL UNIVERSAL y tengo ganas de contestar lo primero que se me ocurre, para evadir los transparentes subentendidos de la cuestión: porque así lo aconsejó, o exigió,  el médico de cabecera del octogenario Benedicto XVI.

    La altura de la ciudad de México no conviene a las personas que tienen problemas de corazón o de respiración, o que, por su edad, se cansan fácilmente; todo el mundo sabe que el Papa no es especialmente robusto, al grado de que se especula ya que bien podría presentar su renuncia en los meses que vienen.

    No me voy a quedar con esta posible escapatoria y hablaré de lo que se dice y repite, a saber, que el viaje del Papa tiene fines electoralistas —que él lo sepa o no, sería lo de menos— y que su destino geográfico obedece a la misma lógica, puesto que lo llevan al estado de Guanajuato, en un Bajío gobernado por el Partido Acción Nacional, desde hace muchos años.

    Pero primero tengo que presentar al Bajío, este “epicentro de la historia de México”, según Don Wigberto (Jiménez Moreno), “cuna y cocina de la Independencia”, según don Luis (González). Sí, fue todo eso, desde las guerras chichimecas hasta las épicas batallas de Celaya que dieron la victoria al general Obregón, pasando por el grito de Dolores y la toma de Guanajuato por el Padre Hidalgo, el sitio de Querétaro y el fusilamiento de Maximiliano, la Constitución de 1917 y la Cristiada.

    El Bajío es mucho más que el estado de Guanajuato. Comprende todos los valles y llanuras de la depresión del Lerma, desde Querétaro hasta Guadalajara, desde León hasta Zamora, Mich. Unidad geográfica natural, se puede también calificar de fuerte área cultural, forjada durante los siglos de la Nueva España: dice Luis González que quizá en ninguna parte de México cayó tan rápidamente el muro racial como aquí. “Fuera de pocos señorones empeñados en mantener la palidez de la raza de mármol, lo común de la zona parece haber sido un amplio comercio con las razas de bronce y ébano que confluyeron en ella desde el siglo XVI, en no hacerle el fuchi al matrimonio con personas de distinto tinte, un intercambio erótico que produjo el mestizo mentado en tantas canciones, los ojos negros de las tapatías y los bigotes de aguacero de los charros”.

    Crisol de las tres razas, el Bajío fue también marcado por la vida apostólica y misionera del siglo XVI, luego por los franciscanos y los jesuitas que dejaron su impronta hasta la fecha. Ha sido la cuna de varias costumbres que han llegado a ser representativas de la nacionalidad mexicana, en buena parte gracias a la cinematografía nacional de los años 1930-1960.

    Se le atribuye al Bajío un fervor católico que los críticos califican de “fanático, reaccionario, ultra conservador”: al grado de que lo identifican con el Yunque, del cual se dice que, desde principios de los años 1980, infiltra en forma de sociedades secretas al partido Acción Nacional. Un Yunque que estaría detrás de la organización de la visita del Papa y su localización abajeña. Estos críticos han contribuido al mito, a lo que considero un mito, el del Bajío derechista, derechista por ser católico. En su visión el Bajío yunquista sería el heredero de los cristeros y de los sinarquistas y la Iglesia católica sería la imborrable matriz de este horror.

    Hace poco un analista escribió que “el Papa dice que hay que estar con los azules”, que no es casualidad  que su visita se concentre en un Guanajuato gobernado por el PAN desde 1991 y que coincida con el arranque de las campañas electorales. Concluye que “dos actores desesperados confluyen en sus posibilidades”, a saber un PAN que va a perder el control del gobierno y una Iglesia católica “que está perdiendo feligreses de forma violenta y se está jugando la supervivencia”.

    Coincido con el pronóstico sobre el futuro electoral del PAN, pero si sus dirigentes creen que la presencia del Papa al pie del Cerro del Cubilete, con su monumento a Cristo Rey, les va a dar un solo voto, están muy equivocados. Discrepo en cuanto a la supuesta desesperación de la Iglesia católica, y también en el carácter especialmente católico  y, por lo mismo, reaccionario del Bajío. La Iglesia está presente en todo el territorio nacional y los católicos militan en los tres partidos, votan para los tres partidos.

    Hablo de “mito” cuando evocan la genealogía del fantasma monstruoso: Cristiada–Sinarquismo–PAN–Yunque , porque olvidan a Hidalgo y Allende, a los “chinacos” del siglo XIX y a los revolucionarios.

    No entienden que la Cristiada, si bien la quieren monopolizar hoy las derechas mexicanas, fue un movimiento popular que la izquierda debería reivindicar. Olvidan que el estado de Michoacán, nunca gobernado por el PAN, baluarte del cardenismo a lo largo de tres generaciones, engendró más cristeros que Guanajuato y Querétaro juntos; olvidan que San Luis Potosí, Puebla, Morelia , Zamora, Guadalajara, Monterrey, San Cristóbal de las Casas  han sido periódicamente satanizadas como “ciudades levíticas” y que en este sentido, nadie se salva.

    Jean Meyer, historiador del CIDE

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